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16 jun 2014

Oltenia

Una tierra por la que, la mayoría, pasa con prisas. Una tierra de casas viejas, hechas de barro, dispuestas a regresar a la tierra de donde proceden. Y las tierras agrietadas profundamente por la sequía bajo el aire hirviente del verano.
Y he vuelto a ver estas tierras al comienzo de este otoño viniendo de las montañas. No me ha sorprendido que Brâncuși eligiera levantar en Târgu Jiu la “Columna” para la memoria de los caídos en la Primera Guerra Mundial. Así como no me sorprende la sencillez y el buen gusto de los panes de pueblo horneados: Quién no los haya probado puede ir a hacerlo...
Según los criterios del mundo moderno, Oltenia no será nunca un lugar muy buscado. Así como tampoco Rumanía se encontrará en la élite de los lugares más maravillosos del mundo.
Y he pensado, conociendo un poco esta Oltenia, en cómo va a cambiar el panorama con el puente que dicen que se construye entre Calafat y Vidin. Me imagino hileras interminables de camiones pesados cabiendo por esos caminos tortuosos. En cierto modo, para Oltenia este puente es un ancla personal con la Unión Europea. Y como tiene un paseo peatonal, tengo ganas de atravesar las fronteras como dando un paseo. Y, evidentemente, creo que no están lejanos los tiempos en que todos entenderemos que vivimos en un pueblo mundial.

Traducido de un texto original de Alina Sârbu

1 abr 2014

La Película Que Te Infla Las Ruedas De La Bicicleta

Os queremos recomendar aquí un documental rumano realizado en 2011. Su titulo es “"Filmul Care Îți Umflă Roțile La Bicicleta" (La Película Que Te infla Las Ruedas De La Bicicleta). En este documental, un grupo de 6 ciclistas comprometidos con este medio alternativo de transporte, y por ende con la defensa de la Naturaleza, recorren la ruta Eurovelo 6. Para ello habrán de atravesar 5 países y 4 capitales europeas en tan sólo 2 semanas (a ritmo de 110 km. por etapa) partiendo desde Viena. Este apasionante viaje-aventura concluye en la ciudad fronteriza rumana de Turnu Severin. Si bien el documental muestra casi exclusivamente imágenes del recorrido por el exterior de Rumanía, no debemos olvidar que la Eurovelo 6, también conocida como la ruta de los ríos, penetra en este país desde la vecina Serbia a través de las puertas de Hierro del Danubio, con sus imponentes gargantas y desfiladeros. Los aficionados a la bici tienen la oportunidad de descubrir por medio de este trabajo una más que interesante alternativa al turismo clásico.

Filmul care-ti umfla rotile la bicicleta , pe 1 iulie, la Pro Cinema. De ce nu ai voie sa il ratezi pe www.procinema.ro




30 sept 2013

Las cosas deben de cambiar en Rumanía

¿Vale más la vida de un ser humano que la de, por ejemplo, otro mamífero? Te parecerá una perogrullada pero es cierto, científicamente demostrado, que todas las criaturas de este planeta estamos emparentadas. Igual que tú tienes primos de 2º y 3er grado, de la misma forma un perro es tu primo de 462920º grado (el número ha sido elegido al azar).
No sé si es grave o si es leve el problema de los perros callejeros en las ciudades rumanas. Lo he vivido en primera persona, me he acostumbrado con la situación y no era algo que le quitara a nadie el sueño. Era un elemento más del paisaje urbano, unas veces con su cara más simpática y otras con la más desagradable. En cualquier caso, se trataba de seres que compartían la calle con los niños también abandonados que siguen mendigando en los semáforos, fenómeno que por desgracia se ha exportado desde Rumanía al exterior. Y la palabra que mejor define tanto uno como otro problema es la indolencia. En cualquier país desarrollado los padres que abandonan a sus hijos son llevados ante las instancias competentes y responden penalmente. Pero en Rumanía esto da igual, así que el abandono sigue siendo uno de los “métodos anticonceptivos” más recurrentes.
Pero ha bastado que un perro, no se sabe si con dueño o sin él, haya mordido a un niño hasta causarle la muerte para que todas las alarmas sociales se hayan disparado. Una alarma social que no había estallado en otros casos, extremadamente aislados, cuando un perro había matado a un adulto. Mi memoria me recuerda vagamente el caso de un turista japonés que murió allá por 2003.
Y esta alarma o histeria colectiva ha provocado que se pase a tomar medidas, medidas que tal vez se debían haber tomado mucho tiempo atrás.
Sin embargo, la medida propuesta, y adoptada, ha sobrepasado los límites de la razón humana. ¡Canicidio masivo y sin compasión! Es como si cuando un coche atropellara a una persona, algo que tristemente seguro que ocurre cada día, especialmente en Rumanía donde puedes morir en cualquier paso de cebra, se prohibiera la fabricación o el uso de vehículos de motor. La diferencia es que los vehículos de cualquier tipo no tienen vida, ni alma, ni sienten el dolor…
Y lo más llamativo quizás ha sido la forma de llevarlo a cabo. En pleno siglo XXI existen otros mecanismos “más civilizados” para causar la muerte de una forma un poquito más digna. Estamos hartos de ver en los tabloides internacionales el nombre de Rumanía siempre asociado a hechos negativos. Pero en esta ocasión sólo puedo pensar dos cosas: o los dirigentes rumanos son tan tremendamente incompetentes que no son capaces de ver las consecuencias de esta acción tan repulsiva, o bien han buscado intencionadamente el protagonismo (bueno, colegas, ya que no podemos destacar en lo bueno, al menos no pasar inadvertidos por el mundo).
Estas imágenes, que parecen extraídas de una pesadilla, te quitarán las ganas de vivir en este mundo y te harán preguntarte quién es el animal aquí.
La más elocuente de las miles de fotografías que circulan por la red, a mí me parece la de los niños posando sonrientes ante los cadáveres. ¿Qué lección estamos transmitiendo a las futuras generaciones? ¿Estamos tal vez enseñándoles a vivir dentro del respeto hacia los demás seres vivos? Pues no, les estamos haciendo insensibles ante la crueldad y les estamos creando una apariencia de normalidad ante el sufrimiento, ante las injusticias y ante la propia muerte… aunque sea la muerte de seres “inferiores” o carentes de inteligencia.
Esto último me trae en mente la eutanasia forzada que hubieron de soportar durante los horrores del nazismo los enfermos terminales y las personas con discapacidades físicas o mentales. Tampoco ellos pudieron abrir la boca para defenderse.
Quiero terminar con un citado de esa misma época, atribuido erróneamente durante mucho tiempo a Bertolt Brecht, del pastor alemán Martin Niemöller. Se trata de una frase ya mítica, que me he permitido modificar toscamente con motivo de esta triste ocasión:
Primero vinieron a por los perros, pero yo no dije nada porque no soy un perro…
La continuación es algo que dejo a la libre voluntad del lector.

30 abr 2013

El Código Da Vinci, versión rumana: los asombrosos mensajes en las paredes de la iglesia de Drăgănescu.

Se observa como dos torres gemelas explotan en una de las paredes de la iglesia, mientras que otra es tragada por gigantescas lenguas de fuego. En otra de las paredes se ve a demonios danzantes con cuernos y garras, o bien como todo se hunde en el polvo y la ceniza negra... Tienes ante ti el Apocalipsis completo. Si te encuentras solo entre las paredes de la iglesia de Drăgănescu (en la provincia de Giurgiu) seguro que te largas pitando. Y no es casualidad que te entre miedo, ya que este lugar está considerado como uno de los más bizarros y ocultos de Rumanía.
Durante la misa no cabe un alfiler. Llegan hasta aquí “ejércitos” de teólogos, investigadores, artistas y gente corriente. Al igual que en “El Código Da Vinci” miden las paredes, pesan las pinturas con sus miradas, las comparan y las observan desde cientos de ángulos. Están convencidos de que el pintor ha dejado en ellas indicios escondidos acerca del futuro de la Humanidad y tratan de averiguarlos.
Se ha descubierto que muchas de las escenas son realmente proféticas, pues aparecen reflejadas la caída de las torres gemelas, además de naves espaciales y vida humana en otros planetas. Todas ellas son obra del padre Arsenie Boca y fueron pintadas entre 1968 y 1984. En la Rumanía de aquellos tiempos apenas se acababa de descubrir el televisor. Por esta razón, y especialmente por la belleza y extrañeza de sus pinturas, los teólogos han bautizado las paredes de Drăgănescu como la “Capilla Sixtina de la Ortodoxia rumana”.
Arsenie Boca vivió en Drăgănescu una especie de exilio, que duró 15 años. Era perseguido por la temida “Securitate”. En Drăgănescu mucha gente le tomaba por pintor y se preguntaba cómo era posible que no utilizara modelo alguno.
Cada día que investiga en las paredes de la iglesia, el padre Lucian Petcu descubre algo nuevo. Y eso a pesar de ser veterano en el lugar, ya que desde hace 10 años oficia aquí la misa. Hace poco, por ejemplo, ha descubierto que tres escenas pintadas en paredes distintas, se encuentran de hecho unidas entre sí por una especia de simetría.
Una de las escenas pintadas en la iglesia versa sobre el hombre moderno y su error fundamental. Los ángeles le llaman al cielo pero el está cómodo, despreocupado, indolente ante lo espiritual. ¿Así comienza tal vez el fin del mundo? De una manera inusual para la pared de una iglesia, la escena contiene también naves espaciales, telescopios y antenas parabólicas. 
El hombre de nuestros días, el que todos somos en esencia, parece transmitir el siguiente mensaje a través de dicha escena: He llegado a poder disfrutar de la Tierra en su totalidad, puedo viajar a cualquier parte, puedo comprar terrenos en cualquier país, puedo ver en la televisión cualquier rincón del planeta, puedo comunicar por teléfono desde/hacia cualquier sitio... así que dómino el mundo entero. No me interesan ya las preocupaciones espirituales. Quiero vivir lo mejor posible, el mayor tiempo posible. Tener parte de confort, de placer y una vida cuanto más fácil. 
Pero a los curiosos, lo que más les llama la atención es otra pared, donde el padre Arsenie parece haber “tejido” de arriba a abajo los pensamientos del diablo, que quedan inscritos cada uno mediante una bula. La mayoría refiriéndose a acontecimientos e ideas vehiculadas en el presente. Estos enigmáticos mensajes (algunos de los cuales rayan en la absurdez) junto a las pinturas que cubren el monasterio, ambos obra de una figura emblemática para los ortodoxos de Rumanía, son un motivo más que suficiente para darse una vuelta por Drăgănescu. 

13 feb 2013

Febrero en el folklore rumano

Rumanía ha sido preponderantemente un país agrícola. Durante el periodo comunista esta característica se vio atenuada, aunque sólo de fachada, debido a una industrialización masiva. Sin embargo, hoy podemos decir que la industria se ha extinguido prácticamente de Rumania y no ofrece signos de recuperación. Las privatizaciones, reconversiones y demás medidas llevadas a cabo en los últimos casi 25 años de capitalismo salvaje han devuelto a Rumania, tal y como a otros tantos países del antiguo bloque, al sector agrario. Es por ello que hay algunos aspectos que vuelven a estar de relieve.
Dado que estamos en febrero, conviene aclarar que este mes es denominado en rumano popularmente faur o făurar (el mes del herrero), lo que sugiere el inicio de los preparativos para los trabajos del campo que habrán de iniciarse al mes siguiente, tras el periodo de pausa invernal. Es esta la epoca del año en la que los herreros ponen a punto los utensilios de labranza de hierro que serán utilizados por los campesinos. A febrero también se le llama fluierar (el mes del flautista) debido a que el viento sopla con fuerza y la nieve penetra en las casas hasta por el ojo de una aguja, es decir, por lugares tan minúsculos como el cerrojo de las puertas, por ejemplo.
Se dice que febrero cierra y abre (la tierra). En febrero nieva y llueve, hiela y deshiela, hace mucho frío y a la vez calor. Es el mes en que comienza a ablandarse la tierra. Pero tal cosa no sucede de repente y, por tanto, hay que empezar a removerla y ararla para acelerar este proceso. Es sabido que en febrero durante la noche caen heladas y durante el día se produce el deshielo. Y de esta forma se va pasando paulatinamente del gran hielo de diciembre y enero al calor de marzo y abril. Esto cuando las cosas siguen su curso normal porque, a veces, febrero pone sus cartas sobre la mesa y quiere demostrar que es también él un mes de invierno. Si es así ¡que Dios te pille “confesao”! Te volverá el abrigo del revés mandando una ventisca o nevada que parecerá estar en mitad del invierno (que cae más o menos en torno al 6 de enero, día del Bautismo de Jesús según el calendario ortodoxo, cuando por lo general hace un frío “que pela”). De hecho, se cuenta también que febrero habría ido presumiendo al decir que “si no fuera por respeto hacia su hermano mayor, o sea enero, mandaría un frío tan crudo que se congelaría hasta el ternero en el vientre de la vaca”.
Igualmente en febrero, cuando hace mucho frío, los huevos del cuervo rompen el cascarón y a continuación salen las crías. Por tanto, el cuervo ha de darse prisa en poner y empollar los huevos para que estos rompan con tiempo. De no ser así nos plantaríamos ya en marzo, cuando las hormigas podrían llegar al nido y comerse los huevos. Es por esta razón que hay más cuervos unos años que otros, dependiendo del tiempo que haga en febrero.

Previsiones del tiempo en febrero en los proverbios rumanos: 
-    Cuando el búho canta en febrero es signo de una primavera temprana
-    Cuando el abejaruco canta alegre, la primavera está por llegar
-    Febrero feo, mayo hermoso
-    Cuando en febrero no hiela es síntoma de año “de bienes”
-    La nieve de febrero fortalece las siembras
-    Vientos que no vienen en febrero se vengarán por la Pascua
-    Si febrero es ventoso, en verano habrá sequía 

7 ene 2013

¡Feliz Navidad! conforme al rito antiguo

Hoy, 13 días después, los cristianos de varios países celebran su Navidad. Entre ellos los moldavos, que por su pertenencia durante decenios a la Unión Soviética, forman parte de los denominados cristianos ortodoxos "del antiguo rito". Como curiosidad, cabe decir que serbios y armenios la han celebrado con un día de antelación, el día de la Epifanía del Señor (6 de enero).  
Este desfase tiene una explicación no demasiado sencilla. En el año 1582, el entonces Papa Gregorio XIII, abolía el calendario existente hasta ese momento mediante la bula Inter Gravissimas. El que quedaba derogado no era otro que el calendario juliano, instaurado en época de Julio Cesar nada menos que unos 1600 años antes. Así, el día 15 de octubre de 1582 precedió al 4 de octubre del mismo año. De esta manera, se corregía el "error" del calendario anterior al considerar que un año duraba 365,25 días (de ahí que cada 4 años hubiera uno bisiesto con 366 días), en lugar del cómputo exacto de 365,242189. Se trata de una diferencia mínima, pero en 1600 años se había acumulado ya un desfase importante, de tal modo que el equinoccio de primavera ya no ocurría el 21 de marzo, sino diez días antes. Seguramente no se habría tomado ninguna decisión al respecto si ese desfase no afectara a la vida religiosa, en torno a la cual giraba el mundo en tiempo del Papa Gregorio XIII. Sin embargo, la celebración de la Pascua depende directamente del equinoccio de primavera (en concreto el domingo siguiente al plenilunio posterior a dicho equinoccio, siempre desde el punto de vista del hemisferio norte), lo cual convertía en algo primordial hacer la corrección. Y así fue como, poco a poco, el nuevo calendario gregoriano se fue adoptando por todos los estados y reinos cristianos de la época, primeramente los católicos y después los protestantes. Ya a finales del siglo XIX y principios del XX, la mayoría de los países hacen oficial el calendario gregoriano, con independencia de la religión profesada por sus ciudadanos. En el caso de los países de religión ortodoxa, el calendario gregoriano también se instauró de forma tardía. Como ejemplo, en Bulgaria al 31 de marzo de 1916 siguió el 14 de abril, mientras que en Rumanía al 31 de marzo de 1919 siguió el 14 de abril del mismo año. Pero a pesar de no tener actualmente carácter oficial, es el antiguo calendario juliano, y no el gregoriano, el empleado aún por las iglesias ortodoxas para la liturgia.

13 nov 2012

Hablemos de metales preciosos

El wolframio es un metal más precioso que el propio oro. Su valía radica en que no se encuentran yacimientos con facilidad y en que es muy codiciado por las industrias militar y espacial. Por su parte, el uranio es utilizado por la industria nuclear.
El primero de ellos se encuentra en un estado bastante puro en la salvajemente explotada Roșia Montană, pero parece ser que también se halla en otras zonas montañosas de Rumanía, como el macizo Retezat (pico Peleaga), aún por explotar.
El segundo metal se encuentra en cantidades abundantes en Afganistán, en los montes Khwaja Rawash, al norte de Kabul, y Koh Mir Daoud, en la provincia de Kandahâr. No es casualidad que este maltrecho país, rico también en otros recursos naturales como hierro, cromo, plata, sulfato, magnesio… fuera primero objeto del deseo por parte de los soviéticos, para serlo más tarde de los americanos. 
Parece, pues, que Afganistán tiene la supremacía mundial en materia de uranio, al igual que Rumanía la posee en materia de wolframio. Ninguno de ellos, en cambio, se ha beneficiado de este regalo de la Naturaleza, siendo el expolio consentido en un caso y forzado en otro.

1 nov 2012

El fuego de Sumedru

Es curioso como en esta pequeña y diversa Europa encontramos semejanzas de un extremo a otro. Con certeza estas tradiciones, de un parecido sorprendente, son el fruto de una raíz común que hay que buscar en la noche de los tiempos, en la Europa pagana previa al cristianismo. El calendario ortodoxo celebra San Demetrio, una festividad de importancia mayor, el día 26 de octubre. Demetrio, conocido popularmente como manantial de mirra, fue un gran mártir cristiano que vivió en Salónica en época de los emperadores Maximiliano y Diocleciano. Los cruzados de la Edad Media adoptaron a este santo como patrón, al igual que a San Jorge. 
En algunas zonas remotas de la Rumanía rural, la víspera de San Demetrio es esperada con ardor para su celebración. El pasado 25 de octubre tuve la oportunidad de remontar el tiempo y acudir a una de estas festividades. ¡Quedé prendado de un marco tan conmovedor!
uno de los fuegos por Sumedru
Nada más caer la noche, que en este periodo del año es sobre las 6 y media de la tarde (justo unos días antes del cambio de hora), se encienden fogatas por doquier. Cada una de las aldeas (“cătune”) que conforma el pueblo pretende que su hoguera sea la mejor, y para ello ha de ser gigantesca; para que pueda ser vista a gran distancia desde las aldeas colindantes.
Todos los vecinos del pueblo, algunos de ellos trajeados para la ocasión, se dan cita junto a estas tradicionales fogatas y traen consigo toda clase de manjares. Según me cuentan, antiguamente la gente venía con patatas y peras hervidas, nueces, “covrigi” (galletas saladas en forma de lazo) y “gogoși” (una especie de donuts) caseros, además de mosto y sidra.
En la actualidad, quizás por esta crisis que vivimos o por una comodidad tan dañina como la anterior, los habitantes de la aldea se dan allí cita con “covrigi” comprados y con galletas de algún supermercado. Lo único que no falta hecho a mano es “țuica”, el aguardiente típico rumano, con el que algunos se emborrachan antes de apagarse el fuego.
Lleva un buen rato hasta que cada vecino se saluda e intercambia los alimentos de su cesta con todos los presentes en aquel claro. ¿Y tú de quién eres, mi niño? - me pregunta una anciana. Otro me da unos “covrigi” mientras me pregunta lo mismo de una forma más diplomática: A usted no le conozco pero de cualquier manera ¡felicidades! Y ahora… si me hace el favor de decirme quién es… para saber a quién he tenido el gusto de darle un “covrig”. Nadie espera algo a cambio por mi parte, lo cual es un alivio, ya que he venido con las manos vacías.  Y de repente, sin saber muy bien cómo, me veo allí entre un corrillo de hombres curiosos hablando y bebiendo al resplandor de la hoguera. Y lo de beber no es precisamente para entrar en calor pues, a pesar de ser una de las primeras noches gélidas de la temporada, la inmensa fogata, alrededor de la cual se desarrolla la escena, emana bastante calor. 
covrigi
Después de unos momentos, espontáneamente, algunos adultos empiezan a cantar. Los demás siguen a coro. Y no lo hacen por el alcohol consumido, sino más bien guiados por un fervor e inocencia infantil que resulta muy de apreciar en estos tiempos. Esto es lo que recitan:


Hai la focu´ lu´ Sumedru (Vamos al fuego de Sumedru – abreviatura de San Demetrio)


a pârlit Dumitru iedu´ (Demetrio ha asao el cabrito)


și Ileana Cosânzeana (y que Ileana Cosânzeana – personaje popular de cuentos)


sa se audă pe Mâzgana (sea oida en la Mâzgana – nombre del valle donde presencié esta celebración).


Me habían comentado que la gente saltaba por encima de este fuego de Sumedru para ahuyentar los malos espíritus y para tener buena suerte en el año entrante (como no estamos en la Nochevieja, supongo que la tradición hace referencia al periodo inmediatamente siguiente, que en el campo suele una estación muerta tras la recolección de la uva y la elaboración de “țuica”). Sin embargo, una hoguera tan enorme no hay por donde atravesarla, a no ser que uno tenga tendencias suicidas. Así que habrá que ir en búsqueda de mejor fortuna por otros lares.
El día de San Demetrio queda muy próximo a la festividad de Todos los Santos, el 1 de noviembre según el calendario occidental. La víspera de este día es conocida como noche de difuntos o noche de brujas (Halloween es una contracción de “all hallows´ eve” o víspera de Todos los Santos). Podemos hacer fácilmente el paralelismo entre lo relatado y esta conocida fiesta anglosajona, de origen celta.
En definitiva, asistí a un espectáculo hermoso al tratarse de algo no institucionalizado. Algo con la pureza propia de las cosas simples, carente de la falsedad de un mero reclamo para el turismo. En fin, algo de lo que no se puede obtener un beneficio material. La sensación que tuve fue la de absoluta autenticidad y de que todo ahí se desarrollaba de la forma más natural posible, con la única jerarquía de lo que mandan los cánones mantenidos a través de los siglos en cada comarca.